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He estado siguiendo el debate planteado, con sumo interés.
Se observan toda clase de opiniones y reacciones, con un común denomindor:
una justificada indignación respecto al lugar que el maestro tiene en el
imaginario social.
A partir de esto, surgen una serie de sugerencias, pero también algunas
generalizaciones respecto a lo que los maestros debemos hacer, los padres
deberían hacer y la sociedad comprender.
Creo que es importante lo que Delma Rocha dice: "...debemos
empezar por crear nuestras propias estrategias de solucion con el fin
de detener la discriminacion de la que se ha venido sufiendo y hablar en voz
alta acerca de lo que se piensa que esta bien o esta mal". Creo que
en efecto, somos nosotros mismos los que -valorando de un modo más profundo
nuestro saber- debemos opinar, produciendo investigaciones
confiables y a través de ella, inducir a que ciertas políticas
educativas se modifiquen.
Estimo que uno de nuestros mayores problemas es seguir
moviéndonos sobre la base de creencias no necesariamente probadas y
que nos llevan a seguir actuando conforme a ellas, no
siempre sintónicos con la realidad, sin saber cómo actuar sobre ella.
Es por esto, entonces, que convencidos en una supuesta incapacidad, esperamos
que "otros" nos den soluciones, las cuales, por supuesto, no siempre son
aplicables, ya que siguen estando alejadas de nuestra realidad, pero además,
estas "soluciones" son a veces sentidas como "intrusiones" en nuestro quehacer
profesional, una vez más tan poco respetado, tan mal considerado.
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