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  Educación inicial y primaria
 
Daniel Dreifuss Escárate dyodreifuss@terra.com.pe
 

 

He estado siguiendo el debate planteado, con sumo interés.
Se observan toda clase de opiniones y reacciones, con un común denomindor: una justificada indignación respecto al lugar que el maestro tiene en el imaginario social.
A partir de esto, surgen una serie de sugerencias, pero también algunas generalizaciones respecto a lo que los maestros debemos hacer, los padres deberían hacer y la sociedad comprender.
Creo que es importante lo que Delma Rocha dice: "...debemos empezar por crear nuestras
propias estrategias  de solucion con el fin de detener la discriminacion de la que se ha venido sufiendo y hablar en voz alta acerca de lo que se piensa que esta bien  o esta mal".
Creo que en efecto, somos nosotros mismos los que -valorando de un modo más profundo nuestro saber- debemos opinar, produciendo investigaciones confiables y a través de ella, inducir a que ciertas políticas educativas se modifiquen. 
Estimo que uno de nuestros mayores problemas es seguir moviéndonos sobre la base de creencias no necesariamente probadas y que nos llevan a seguir actuando conforme a ellas, no siempre sintónicos con la realidad, sin saber cómo actuar sobre ella. Es por esto, entonces, que convencidos en una supuesta incapacidad, esperamos que "otros" nos den soluciones, las cuales, por supuesto, no siempre son aplicables, ya que siguen estando alejadas de nuestra realidad, pero además, estas "soluciones" son a veces sentidas como "intrusiones" en nuestro quehacer profesional, una vez más tan poco respetado, tan mal considerado.
 
 

 


   

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