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ENRIQUE ROJAS
CATEDRÁTICO DE PSIQUIATRÍA
Tres consejos para la educación
La palabra educación cobija en su seno distintos
significados. Educar es convertir a alguien en persona libre e independiente.
Cautivar con argumentos positivos. Liberar de sugerencias y tirones momentáneos,
para ir instalando una jerarquía de aspiraciones humanas que le
eleven y le den plenitud. Educar es entusiasmar con los valores. Seducirla
con ideales y ejemplaridad. Ayudarle a que se desarrolle física,
psicológica, espiritual y culturalmente. Por eso alberga en su interior
dos vertientes: comunicar conocimientos y promover actitudes. Información
y formación.
Educar no es enseñar matemáticas,
ni gramática, ni historia..., sino preparar a una persona
para vivir la historia personal del mejor modo posible. Educar es despertar
curiosidades, impartir sugerencias, provocar sorpresas, enseñar
a pensar y a resolver conflictos. En definitiva: revelar e ilustrar para
que alguien sepa gestionar mejor su propia vida. Si la educación
en el arte de enseñar a pensar, la cultura es el oficio de aprender
a vivir. Pero entre una y otra hay una frontera huidiza, tenue, imprecisa,
de ahí las influencias recíprocas que se producen entre una
y otra.
Son tres las ideas que quiero transmitir en este
artículo. Me parece que esta trilogía conforma la base de
lo que debe recibir el ser humano para nutrirse y aclararse en cuestiones
esenciales: la voluntad, los sentimientos y la inteligencia.
1. Educación de la voluntad.
Para mi la voluntad constituye la educación de
las educaciones. La definiría como capacidad para hacer algo anticipando
consecuencias. Ponerse en movimiento para conseguir una meta, pero siendo
capaz de aplazar la recompensa. Es tesón, empeño decidido,
perseverancia que se crece ante las dificultades, energía y firmeza
para no darse por vencido.
El orden es el placer de la razón. Por eso éste
debe empezar por la cabeza: saber lo que uno quiere. El que no sabe lo
que quiere no puede ser feliz. Una persona ordenada es aquella que tiene
una jerarquía de valores en la que descansa su conducta y en consecuencias
hay unas prioridades, unos elementos que se anteponen a otros. Orden en
los objetivos a corto y medio plazo, sabiendo escalonarlos para que la
ansiedad no pueda con nosotros. De ahí que este apartado tenga mucho
que ver con la capacidad para disciplinar las necesidades. Esto nos lleva
como de la mano un concepto práctico de la libertad con minúscula:
libertad es necesitar cada vez menos.
Orden en el tipo de vida. Saber planificar y organizar
nuestras actividades tiene un efecto multiplicador, ya que el tiempo da
más de sí. Tiene éste una dimensión externa,
formal: así por ejemplo, entrar en la habitación o en el
despacho de alguien, es hacerle un retrato psicológico.
El hábito de orden es más fácil que
arraigue si se empieza desde joven.
Constancia es tenacidad, insistencia, empezar pocas cosas
e ir detrás de ellas sin darse por vencido. El binomio orden-constancia
es inseparable y recorre los entresijos del hombre con voluntad.
Motivación es aquello que empuja hacia la meta
y que se vive como impulso que arrastra y empuja hacia algo que descubrimos
como valioso. La voluntad es la piedra angular del éxito en la vida
y una de los más excelentes rasgos de la personalidad: hace al hombre
valioso y le permite lograr sus objetivos.
2. Educación sentimental
La vida afectiva es uno de los grandes argumentos de la
existencia, casi todo se arremolina en torne a ella, para bien o para mal.
La ausencia de un conocimiento adecuado de esta materia, su carencia, va
a traer uno de los más serios fracasos que pueden darse.
La policromía sentimental tiene un subsuelo psicológico
que alimenta toda la vida personal. Los sentimientos hacen de mediador
entre las tendencias más básicas y la inteligencia. La falta
de claridad sobre esta dimensión impide comprender la propia biografía
y es frente de serios conflictos que tendrán unas largas consecuencias.
Descendemos así a la topografía de una de las grandes regiones
de la psicología: es el primer tema de la vida. Lo que el hombre
necesita es amor. Pero esta palabra está hoy falsificada, ya que
el uso, abuso y manipulación a la que ha disido sometida le ha llevado
a una cierta degradación.
En los sentimientos se encuentran las raíces de
casi todo lo demás. El amor es un arte en el que se mezclan ingredientes
físicos, psicológicos, sociales y culturales. En la mitología
griega, Eros es hijo de Poros y Penia, de la riqueza y la pobreza. No hay
felicidad sin amor, pero no hay amor sin renuncias. La condición
humana es así.
3. Educación de la inteligencia.
La inteligencia es la capacidad para captar la realidad
en su complejidad, buscando las relaciones y conexiones que la circundan.
Hay dos condicionantes de ella: la herencia y el ambiente, el equipaje
genético y el entorno. En cualquier caso es decisiva su ilustración,
la lectura es a la inteligencia lo que el ejercicio físico al cuerpo.
Hay muchas modalidades de inteligencia: teórica,
práctica, social, analítica, sintética, discursiva,
espontánea, provocada, matemática, creativa, emocional, instrumental
(aquella que se apoya en los soportes formales y que tienen en la voluntad
su principal representante), y la inteligencia para la vida.
Si la vida es una sucesión de problemas y conflictos,
la inteligencia es el conjunto de operaciones que nos lleva a resolverlos
de la mejor manera posible. Por eso es evaluación y acción,
conocimiento y puesta en práctica. La vida sigue siendo la asignatura
más importante. No pasar de largo ante lo mejor frente a lo más
excelente indica tener bien amueblada la cabeza, visión larga de
la jugada y mirar por sobre elevación. Lucidez y creatividad.
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