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Conozco la colección "Educar en valores" editada
por San Pablo, Madrid. Se trata de un proyecto educativo de la Asociación
"Animadores Siglo XXI", bajo la dirección y coordinación de Alfonso Francia. No
sabía que se encontraba también en la página Web. Como docente, la recomiendo
porque tiene abundante material para llevarlo al aula, y se lo puede ajustar a
las características de cada grupo.Particularmente la he utilizado en las clases
de Lengua, con muy buenos resultados.
Si hablamos de educación para la paz, se me ocurre
pensar que este tipo de literatura, y las que se le asemejan,
son fundamentales en los jóvenes, demasiado atentos a los relatos
televisivos, generalmente sin aportes éticos ni intelectuales. Esta
formación, de la que adolece la sociedad actual es imprescindible para la
convivencia y para la comunicación trascendental. Ninguna persona podrá
comunicarse con otra u otras, en tanto no haya resuelto su conocimiento
íntimo, en tanto no haya encontrado su valor como persona.
Hoy todos queremos estar comunicados, sin embargo,
estamos informados, porque nos encontramos con un vacío espiritual
que nos impide ver más allá de nosotros mismos. Este egoísmo no permite que
veamos al otro como a un "tú". De allí que se generen tantas situaciones de
violencia tanto física como moral.
No sólo los golpes la evidencian, ni la crueldad de
la guerras, ni esta matanza terrible que presenciamos hoy entre judíos y
palestinos. La descalificación, el engaño, la mentira, la infidelidad, la
deslealtad, la falta de solidaridad, la disolución familiar, son las otras
formas con las que el ser humano puede llegar a la violencia.
Si nos encontramos en la tarea de educar, sobre
todo cuando lo hacemos para grupos de adolescentes, debemos mostrar
una realidad que, aunque nos parezca ajena, está terriblemente próxima a cada
uno de nosotros.
Y una sola palabra lo define todo: Amor. No se
compra, no se vende, no está en las góndolas o estantes del supermercado, no
está en los grandes centros u organismos científicos, ni en Internet. Está en
cada uno de nosotros, pero lo hemos encapsulado de tal manera que le estamos
impidiendo aflorar.
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