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Mirta Delia Ampuero nuri@infovia.com.ar
 

 

Conozco la colección "Educar en valores" editada por San Pablo, Madrid. Se trata de un proyecto educativo de la Asociación "Animadores Siglo XXI", bajo la dirección y coordinación de Alfonso Francia. No sabía que se encontraba también en la página Web. Como docente, la recomiendo porque tiene abundante material para llevarlo al aula, y se lo puede ajustar a las características de cada grupo.Particularmente la he utilizado en las clases de Lengua, con muy buenos resultados.
 
Si hablamos de educación para la paz, se me ocurre pensar que este tipo de literatura, y las que se le asemejan, son fundamentales en los jóvenes, demasiado atentos a los relatos televisivos, generalmente sin aportes éticos ni intelectuales.  Esta formación, de la que adolece la sociedad actual es imprescindible para la convivencia y para la comunicación trascendental. Ninguna persona podrá comunicarse con otra u otras, en tanto no haya resuelto su conocimiento íntimo, en tanto no haya encontrado su valor como persona.
Hoy todos queremos estar comunicados, sin embargo, estamos informados, porque  nos encontramos con un vacío espiritual que nos impide ver más allá de nosotros mismos. Este egoísmo no permite que veamos al otro como a un "tú". De allí que se generen tantas situaciones de violencia tanto física como moral.
No sólo los golpes la evidencian, ni la crueldad de la guerras, ni esta matanza terrible que presenciamos hoy entre judíos y palestinos. La descalificación, el engaño, la mentira, la infidelidad, la deslealtad, la falta de solidaridad, la disolución familiar, son las otras formas con las que el ser humano puede llegar a la violencia.
Si nos encontramos en la tarea de educar, sobre todo cuando lo hacemos para  grupos de adolescentes, debemos mostrar una realidad que, aunque nos parezca ajena, está terriblemente próxima a cada uno de nosotros.
Y una sola palabra lo define todo: Amor. No se compra, no se vende, no está en las góndolas o estantes del supermercado, no está en los grandes centros u organismos científicos, ni en Internet. Está en cada uno de nosotros, pero lo hemos encapsulado de tal manera que le estamos impidiendo aflorar.
 

 


   

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