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EDUCACIÓN
PARA COMBATIR EL RACISMO: ¿LA ASIGNATURA INEXISTENTE?
José Mª Perceval
Determinados
colectivos humanos son discriminados, explotados o segregados
en razón de ciertas características - reales o inventadas
- que los unifican como un todo fantasmal y amenazante. Desaparecen
las personas para convertirse en sombras o espejos de una
alucinación inventada. Se crea un arquetipo, un pelele ridículo
o un fantasma de pesadilla, al que todos los miembros de una
supuesta comunidad responden: es la imagen inventada del negro,
del moro, del gitano... Esta homogeneización, es independiente
de la voluntad individual de las víctimas, los envuelve en
la sospecha y en la observación continua que sólo busca confirmar
una evidencia: se comportan como lo que son aunque intenten
disimularlo.
La
razón no es la diferencia que tienen, en general inventada
o recreada hábilmente por el racista, sino la explotación
económica o la marginación provocada por una sociedad en crecimiento
o en crisis interna. Ellos son el chivo expiatorio de problemas
internos de esta sociedad. Pero, lo que es una consecuencia,
la imagen que justifica la acción contra ellos, se convierte
en causa y ellos en un problema.
La
educación debe desmontar las hormas racistas que convierten
a una serie de personas libres en prisioneros de esta pesadilla
que sólo existe en la mente de los autoconsiderados 'normales'.
Por otra parte, la educación debe ofrecernos las herramientas
necesarias para señalar como los agredidos no son un
problema sino que tienen un problema provocado por
los agresores.
Partimos
de un caso concreto. Los sucesos racistas sucedidos en la
población andaluza de El Ejido. El ataque indiscriminado contra
todos los inmigrantes de origen magrebí fue realizado en razón
de unos hechos por los que 'debía pagar' toda la comunidad.
Este ataque tiene tanto que ver con la marginación económica
y la explotación como con la situación de racismo latente
que se alimentaba paralelamente desde hacia años para impedir
el nacimiento de una comunidad mestiza. El resultado, sin
embargo, ha logrado lo que pretendían sus promotores, ya que
no se trata en absoluto de una violencia indiscriminada sino
organizada y dirigida a la destrucción de cualquier bien visible
de los emigrantes:
-
Se han separado aun más las dos comunidades en la zona convirtiendo
el foso que había en una paso casi infranqueable. Lo que
eran prejuicios y hormas mentales racistas bastante generales,
se ha transformado, después de un rito colectivo de violencia,
en una 'culpa colectiva' que irrita y provoca una defensa
airada que reafirma esos prejuicios para defenderse de la
acusación de 'racistas'.
- Se
han convertido por una dejación del estado de derecho lo
que debían ser "reparaciones" legales por los daños efectuados
durante la explosión racista en 'ayudas gubernamentales'
a los inmigrantes. El gobierno ha terminado pagando las
viviendas destruidas que debían ser reconstruidas con las
multas impuestas a los participantes del progrom.
- Se
ha extendido por todo el país la reflexión viciada sobre
los hechos a pesar de la condena de los medios de comunicación.
Al hablar de 'vecinos' e 'inmigrantes' se olvida que los
trabajadores magrebíes también eran vecinos y se transforma
todo en un problema de 'extranjeros' contra 'naturales'.
- Por
último, se ha permitido y alentado la expresión libre de
los racistas, que han callado las voces de los antirracistas,
no sólo en el lugar de los hechos donde estuvieron amparados
por las fuerzas políticas sino en todo el país. La falta
de una legislación clara - existente en otros países europeos
- contra las declaraciones que inciten al odio racial han
permitido que los periodistas vehiculen perfectamente declaraciones
publicitarias que incitan al crimen contra la humanidad
y a la eliminación de los derechos humanos de determinadas
personas.
Estos
hechos requieren medidas policiales y judiciales (que han
sido prácticamente inexistentes debido a la débil legislación
española al respecto) en primer lugar, seguidas de legislativas
y educativas. Estas últimas, las más importantes para el futuro,
son las que trataremos en este artículo.
Nos
encontramos con dos estrategias educativas dirigidas a dos
tipos de alumno: uno que debe asumir la multiculturalidad
como un escenario natural enriquecedor y no como una pesadilla
destructora de su identidad. Otro, un alumno con problemas
especiales debido a su diferencia de lengua y costumbres con
la sociedad en que va a ser educado. Definiremos esta política
educativa como:
-
Educar desde el orgullo de ser persona.
- Educar
en la convivialidad.
Educar
desde el orgullo de ser persona
Los
estudiantes de origen exterior a una comunidad determinada
deben contar con una específica atención en razón de sus problemas
de adaptación a la lengua y costumbres para seguir con el
mayor provecho los cursos escolares. Aparte de estos aprioris,
el educador no debe tener en cuenta otras consideraciones
en el plano educativo curricular que alteren su labor.
Sin
embargo, por la propia dinámica de la labor educativa, el
profesor debe adoptar una táctica que afronte la inserción
procurando crear una comunidad con el conjunto de escolares
que forman su alumnado.
En primer lugar, no obviar la peculiaridad de ciertos alumnos
sino normalizarla. En los trabajos de estos alumnos debe tenerse
en cuenta el bagaje de origen e intentar todas las veces que
sea posible utilizarlo como herramienta educativa. Inclusive,
estos alumnos pueden exponer ante los demás compañeros aspectos
culturales, humanos y sociales que les son desconocidos y
pueden ser más interesantes - por directos - que los que transmiten
los libros de texto.
Esto
no significa una afirmación de una supuesta frontera cultural
infranqueable sino la aceptación de unas características que
enriquecen su vida como persona así como la de los demás compañeros.
Se trata de un trabajo de reflexión que favorece la integración
desde el orgullo de ser una persona 'normal' con una historia
y un pasado que no tiene porque rechazar u olvidar.
La
otra solución, la de obviar este pasado - en la mayoría de
los casos un presente familiar - y condenarlo al silencio
como inculto además de peligroso, tiene consecuencias dramáticas
de desadaptación psicológica y es el camino más seguro hacia
la guetización.
Es
posible que un pequeño grupo acepte el juego del olvido, de
la ocultación, que rechace su pasado entendiendo falsamente
el concepto 'integración' como un borrón y cuenta nueva que
les debe llevar a una eliminación de la memoria histórica
de sus orígenes. Este grupo, sicológicamente desequilibrado
al tener que rechazar una parte de sí mismos como vergonzante,
puede entrar en dinámicas histéricas o depresivas. Además,
se verá confrontado a la constante presión de los que, por
mucho que se disfracen, los siguen considerando miembros de
un colectivo 'extraño'. No podrán escapar a lo que los otros
piensan que son ellos.
En
el otro extremo, un gran número, si no la mayoría, se reafirmará
en esa característica que los unifica al considerarla un refugio
mental ante el rechazo. Incluso puede desembocar en un proceso
imaginario de mitificación, esclerotización y empobrecimiento
por reducción de este origen cultural a unos tópicos que muchas
veces están muy cercanos a los arquetipos que manejan los
racistas.
El
sistema escolar debe sortear, pues, dos peligros diferentes
que tienen un final parecido:
- Considerar
a ciertos alumnos diferentes en razón de ciertas características
magnificándolas de tal manera que se provoque su segregación.
- Intentar
obviar cualquier diferencia provocando un vacío vergonzante
que suscite su auto segregación.
Educar
en la convivialidad
¿Qué
acciones realizar sobre el alumnado conjuntamente? La admisión
de la multiculturalidad no puede quedar en una asignatura
teórica sobre civilizaciones diferentes o sobre consideraciones
éticas abstractas. Estas enseñanzas pueden terminar contribuyendo
a la unificación de los 'otros' como un todo, olvidando que,
en principio y fundamentalmente, se trata de personas concretas
que tienen un nombre y que están sentadas en el mismo pupitre.
Sólo
los ejercicios prácticos y el contacto humano pueden romper
estas ideas 'fáciles' generalizadoras que, incluso expuestas
con buena voluntad, terminan imponiendo un determinado arquetipo
a situaciones individuales mucho más ricas y complejas. Se
debe rechazar:
-
El culturalismo que no es la admisión de la cultura del
otro sino la excusa para señalar esa cultura como una pesada
losa que les impide actuar libremente. La cultura evoluciona
como es el caso de la occidental.
- El
diferencialismo que no es la admisión de la diferencia concreta
de cada persona sino la búsqueda de la separación, de la
frontera, en esta supuesta diferencia.
Es
evidente que las características comunes que unen a los alumnos
como tales - chicos de una determinada edad con unos intereses
muy variados - son mucho mayores que las diferencias culturales.
El
objetivo es que los estudiantes se vean como compañeros que
participan en una empresa común que es el sistema escolar,
como jóvenes que tienen unas expectativas de futuro muy parecidas
en general, como ciudadanos, finalmente, de una sociedad democrática
donde todas las diferencias son admitidas mientras no atenten
al estado de derecho. Y, así, se puedan romper las hormas
del racismo que es una construcción cultural que intenta demostrar
que los colectivos son realidades inmóviles que no evolucionan
y los individuos son entes que no pueden entenderse ya que
están adscritos de manera inamovible a comunidades históricas
que los superan.
Para
ello es necesario crear redes de convivialidad, de relación
entre los alumnos. Se deben aprovechar y forzar los mecanismos
normales del sistema escolar: trabajos conjuntos, participación
en actividades lúdicas, conjuntos deportivos, musicales o
artísticos...
Además,
en centros escolares donde no se cuenta con la riqueza de
la multiculturalidad, se pueden intentar nuevos caminos aprovechando
las nuevas tecnologías que permiten hermanar colegios de diferentes
países a través de Internet o lograr que cada alumno se escriba
con un corresponsal de otro país.
Después,
vendrá la presión sobre la sociedad para completar una labor
que debe ir acompañada de una legislación clara y de unas
medidas policiales que defiendan los derechos de todas las
personas en un estado democrático. Pero, sin la base educativa,
estas medidas no serán más que tiritas en una herida que sangra
por otros motivos.
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