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Ferran Casas es Director del Institut de Recerca sobre Qualitat de vida. También es Co-ordinator of the catalan Network of Child Researchers.

La articulación de la educación y la sociedad en la atención a la infancia.

"Modelos" de binomio familia/escuela ante las nuevas tecnologías.

Algunos autores han señalado que tanto entre los padres como entre los maestros han aparecido dos grandes "modelos" de actitudes ante los ordenadores, que se pueden extrapolar a otras tecnologías, y que constituyen un determinismo binario. Se trata de una confrontación de optimistas versus pesimistas. Algunos optimistas piensan que los ordenadores por sí mismos son portadores de grandes potencialidades positivas. Algunos pesimistas piensan que los ordenadores sólo servirán para aumentar el control sobre las personas, y para deshumanizar nuestras vidas. Seguramente (que yo sepa, carecemos de investigaciones científicas en este campo) existen bastantes padres y maestros que intentan situarse en algún punto intermedio, de "equilibrio" entre estos dos extremos. Simplificando la realidad, y cogiendo sólo las 2 posiciones extremas y la intermedia moderada, tenemos una matriz de 3x3 (padres x maestros) actitudes ante las nuevas tecnologías que se ofrecen como modelo a ojos de nuestros niños y niñas.

"Modelos" instrumentales, en función de los equipamientos tecnológicos disponibles.

Hace unos años el único equipo audiovisual que había en casi todas las casas era un televisor. Poco a poco se fue incrementando el número de casas en que había más de uno. Más recientemente se ha iniciado en todos los países industrializados la invasión de los hogares por parte de las nuevas pantallas (consolas, ordenadores, y las que están en camino: cascos de realidad virtual, etc.) que traían consigo las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (videos, videoconsolas, videojuegos de ordenador, multimedias, Internet, realidad virtual). El tercer agente socializador ya no se puede considerar que sea sólo la televisión: ha sido substituida por todas las pantallas, o, como se dice a menudo, por los medios (medios de comunicación social), que ya incluyen nuevas "realidades" (Munné y Codina, 1992) de gran trascendencia: La interactividad y la realidad virtual.

En los países europeos disponemos de estudios comparativos sobre el uso de nuevos medios audiovisuales y nuevas tecnologías por parte de los jóvenes desde hace ya bastante tiempo (Cuadro 3). Parece que, tras la larga laguna informativa en que nos dejó la suspensión de la recogida de datos de menores de 18 años que hasta el año 1984 se había hecho en las encuestas sobre el comportamiento cultural de los españoles, finalmente, vamos a disponer de nuevo de datos de la población entre 6 y 16 años, gracias a un estudio financiado por la Comisión Europea.

En cualquier caso, algunos analistas e investigadores están señalando que se observa ya, sobre todo en los países con mayor penetración de estas nuevas tecnologías, una importante caída de la escuela como agente socializador privilegiado en la adquisición y transmisión de conocimientos.

No es ningún secreto que estas nuevas tecnologías ofrecen cada vez mayor atractivo, cuando no fascinación, a muchos niños y niñas. En principio fueron los niños, con los videojuegos. En países como Finlandia, en los que Internet está ya muy implantado en las casas y las escuelas, ahora son las niñas las que se están llevando la palma con el uso de Internet, sobre todo en lo que se refiere al uso del correo electrónico y de los "chats".

La investigación de Suess et al. (1998) demuestra que, a pesar de todo su supuesto atractivo, buena parte de niños y niñas siguen prefiriendo estar con sus grupos de iguales que con la televisión o con otras actividades mediadas por los nuevos aparatos tecnológicos. Es muy de destacar que la influencia del grupo de iguales parece estar aumentando frente a otros agentes socializadores, precisamente por razón de las nuevas tecnologías. Bastantes niños y niñas encuentran mucho más atractivo hablar con sus iguales sobre los medios, que hacerlo con sus padres.

"Modelos" relacionales mediados por las nuevas tecnologías.

La interactividad se nos muestra como un poderoso nuevo instrumento relacional. Están apareciendo nuevos tipos de relaciones interpersonales, por ejemplo, dentro de Internet, hasta el punto de que algunos autores hablan de que se está en los inicios de un nuevo planeta relacional (Bressand y Distler, 1995). Pero, posiblemente, una de las grandes novedades que no debemos infravalorar es que se están dando nuevas relaciones interpersonales alrededor de Internet y de las nuevas pantallas.

Según estudios europeos recientes (Suess et al., 1998) los niños, aproximadamente hasta la adolescencia, hablan abundantemente de los nuevos equipos informáticos y de los nuevos juegos electrónicos, y niños y niñas de los programas de televisión. A partir de la adolescencia, tanto niños como niñas hablan abundantemente de los contenidos de los medios, aunque los temas de interés son distintos según el sexo. Según el entorno cultural, los modelos de identificación aparecidos en los medios son aglutinadores de los grupos de iguales, por afinidad con las características de dichos modelos.

Nos estamos dando cuenta que algunas nuevas tecnologías audiovisuales nos permiten nuevas formas de aprendizaje y de conocimiento. Mientras que las nuevas tecnologías de la comunicación nos permiten nuevas formas de relación entre las personas.

¿Qué "modelos socializadores" están apareciendo si consideramos el binomio padres/medios?

Llull (1980) sugirió seis funciones diferentes de la televisión en las relaciones padres/hijos, que, presumiblemente pueden ser extrapoladas a los demás medios:

  • puede actuar como recurso ambiental.
  • puede ser usada como reguladora de actividades diarias.
  • puede facilitar la comunicación ofreciendo temas de conversación.
  • puede utilizarse para buscar o para evitar contacto con otras personas.
  • sus contenidos pueden ser utilizados como medios para aprendizajes sociales.
  • puede utilizarse para demostrar competencia o dominancia.

Las primeras nuevas pantallas que aparecieron en muchos hogares (después de la televisión y el video) fueron los videojuegos. Existe muy poca investigación sobre el papel de estos juegos cuando se encuentran "en medio" de padres e hijos. Una pequeña investigación que realizamos en Barcelona (Casas, 1997) pasando un cuestionario casi igual a una muestra pequeña (N = 192) de "parejas" de hijos (12-14 años) y padres, nos proporcionó resultados sorprendentes.

El más destacable es que, a pesar de que casi todos los niños y buen número de niñas, jugaban con videojuegos y manifestaban gusto e interés por ellos, un 50% exacto de sus respectivos padres y madres manifestaron que nunca hablaban con sus hijos sobre nada relacionado con los videojuegos.

Este resultado nos pareció preocupante. Las razones de tal falta de comuniciación sólo las podemos intuir, y pueden ser varias. Sabemos, por la propia investigación, que algunos padres y madres "habían probado los videojuegos en alguna ocasión", pero no les resultaban interesantes. Pero ello no parece justificar que no se hable de ello. Lo que se intuye es que algunos padres se sienten poco competentes ante sus hijos (sea porque no están al día, sea porque no saben manejar los juegos) y se anclan en estereotipos sobre los videojuegos: son tonterías, todos son violentos, es perder el tiempo,...

También en el "otro modelo", es decir, entre los padres y madres que sí hablan con sus hijos sobre los videojuegos, se pueden identificar actitudes bien distintas: aquellos que a pesar de no saber, hablan de ellos, reconocen su desconocimiento y procuran informarse, incluso aprendiendo a través de sus propios hijos; aquellos que "compiten" con sus hijos por saber, e incluso para ganar; aquellos que, en fin, los consideran un instrumento más que se puede utilizar en la relación educativa.

Un mundo aceleradamente cambiante.

Tanto las innovaciones tecnológicas, como los nuevos fenómenos sociales y culturales nos van llevando hacia una sociedad muy distinta de la que conocemos, aunque no sabemos exactamente cómo será.

Estos cambios están ya reclamando mayor habilidad de las personas para comprendernos las unas a las otras más allá de las fronteras y a través de las generaciones. La creciente diversidad cultural de las naciones europeas nos exige a todos, y en especial a los más jóvenes, mejorar nuestras habilidades para comprender y para trabajar con personas que tienen distintas perspectivas que las nuestras. La socialización democrática de niños y niñas se convierte en extremadamente importante si queremos desarrollar una ciudadanía que sea flexible, tolerante, cooperativa, responsable y cuidadora. Pero tenemos un gran reto delante nuestro: ¿cómo socializar a los niños y niñas para que vivan responsablemente en un mundo en el que muchas de sus coordenadas nos son desconocidas?

Los cambios sociales, tecnológicos y culturales que están transformando profundamente nuestras relaciones interpersonales también inciden de manera profunda en las relaciones educativas, y en los proceso de desarrollo y socialización de niños y niñas.

Los "modelos" de relación entre padres e hijos se van haciendo cada vez más complejos en función de la presencia o no de nuevos elementos tecnológicos y culturales no sólo en el hogar, sino también los contextos próximos, incluidos los grupos de iguales y los mensajes mediáticos accesibles.

Como ya vienen advirtiendo nuevos autores, no sólo los actuales padres y madres, sino nuestra sociedad como un todo se está afrontando a nuevos problemas sociales ante las grandes desigualdades en el uso de (o en las formas de relación mediadas por) las nuevas tecnologías de la comunicación. Por una parte están los niños y niñas que no tienen acceso a los mismos (pensemos en nuestra sociedad, pero pensemos también en los países en vías de desarrollo): se abren las puertas a nuevas formas de "analfabetismo", a nuevas exclusiones sociales.

Por otra parte están apareciendo conjuntos de niños y niñas que se socializan en las nuevas tecnologías al margen de sus padres, y del diálogo con los mismos. Quizás algunos, incluso, al margen de la mayoría de los adultos.

Un tercer conjunto se refiere a aquellos niños y niñas que se socializan en las nuevas tecnologías, así como en los problemas sociales de nuestro mundo (viejos y nuevos) acompañados por sus propios padres. Este tercer conjunto, que correspondería posiblemente a los padres y madres "más responsables", no está en absoluto exento de angustias: ¿como conjugar valores y uso de las nuevas tecnologías? ¿Como conseguir que estas poderosas herramientas informativas y relacionales puedan orientarse en su uso hacia fines perseguidos y deseables? ¿Cómo, en definitiva, orientarlas hacia la mejora de la calidad de vida de todos los ciudadanos y ciudadanas del futuro? ¿Serán útiles para hacer esta sociedad más amigable con los niños y niñas que muchos estamos defendiendo?

Sirvan estos interrogantes de invitación a que nos esforcemos más para hacer red, para intercambiarnos nuestras dificultades y aspiraciones de forma que podamos echar más luz sobre el camino que queremos seguir colectivamente. Tanto desde la comunidad de los investigadores, como desde la sociedad civil, y en particular desde las ONGs, tenemos mucho que decir y mucho que hacer, y haremos más y mejor si lo hacemos "enzarzados", mirando hacia nuestros objetivos comunes de mejorar los derechos y la calidad de vida de la infancia.

 

Bibliografía.

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