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ALGO
LES HEMOS HECHO
Eduardo
Haro Tecglen
Sí,
leían más los jóvenes entonces. Primero, eran más adultos,
y los problemas agudos entraban en los colegios y las casas;
segundo, los libros infantiles no eran vistosos objetos de
colorines y cartulinas que se alzan: eran textos; tercero,
se favorecía la lectura en la enseñanza primaria y media,
se enseñaba al mismo tiempo lengua, literatura, latín filosofía,
ética; cuarto, los libros juveniles tenían una calidad literaria
como "Robinson", "Gulliver", "Alicia"; quinto, había ediciones
con extractos de los clásicos de todos los tiempos; sexto,
durante la República, y aún en los años previos, se exaltaba
la lectura y el libro como instrumentos liberadores y como
factores de mejora; séptimo, el número de bibliotecas infantiles
duplicaba al que hay ahora. No quiero decir que nos hayamos
empobrecido en esta necesidad. Es posible que la televisión
cubra un espacio cultural que antes estaba virgen; y el cine,
y el teatro. Sobre lo que digo antes, hay que hacer algunas
precisiones:
1.
Hablo de un conjunto de familias de la izquierda burguesa
y de otras clases de cultura ascendentes como las de los Ateneos
Libertarios o Casas del Pueblo.
2.
Cito los grandes centros urbanos: en la España rural había
un analfabetismo que probablemente duplicaba al actual.
3.
No toda la enseñanza procedía de la Institución Libre o afines,
sino que la mayoría era parroquial, religiosa o catequística,
con infames (por su calidad) libros de santos. Aún se llaman
santos las ilustraciones.
4.
Sobre lo anterior: el número de libros de mala calidad ha
sido siempre, antes y ahora, mayor que el de buena calidad.
Es insensato oponer el libro bueno a la televisión mala, cuando
muchos libros son repulsivos y muchos programas excelentes.
Sin embargo: creo que la lectura es imprescindible, sobre
todo en la edad juvenil e infantil. Hasta la mala, si es preciso.
El pensamiento se forma conjuntamente con el idioma en esta
especie, y más en este país por razones históricas; el pensamiento,
formado con la palabra escrita sobre la palabra oral, permite
rechazar lo malo de lo bueno. Televisión, cine y teatro son
imprescindibles como expresiones literarias: de las letras.
Lo dramático empezó siglos antes que lo leído; pero lo leído
ha ayudado mucho más al pensamiento. Va a ser difícil hacérselo
comprender a algunos que ya no son objetos sino sujetos: la
llamada del deporte, la sociedad del viernes a la puerta de
un bar, son más importantes. Algo les habremos hecho.
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