| |
Imagen y lectura: apocalípticos e integrados ¿Cuál es la cuestión?
Pilar Sanagustín Viu
Forum Global de Educación
Solemos preguntarnos con frecuencia si se lee más o menos que antes. Una de las respuestas más habituales es que leemos menos. Pero ¿es un tópico o hay datos que lo demuestran?. Las estadísticas parece que siempre dan unos porcentajes mayores de lectura en la actualidad que cincuenta años atrás. Entonces, ¿cuál es el cambio que percibimos y nos induce a esta pregunta? .
Quizá la respuesta esté en la enorme competencia que hoy día sufre el libro respecto a épocas anteriores. Antes el libro servía entre otras cosas para conocer mundos alejados, costumbres distintas, civilizaciones exóticas, etc.. Tenía un papel fundamental para excitar el interés y la curiosidad y muchos lectores se zambullían en las páginas impresas para dar rienda suelta a su imaginación. Hoy ese papel central para evocar lo desconocido ya no lo ocupa el libro. Existen medios mucho más seductores y accesibles que compiten por ocupar ese lugar. Pensemos en la música, la radio, el cine, los ordenadores y, sobre todo, en la televisión. Todos estos medios le privan al libro su anterior exclusividad y, además, consumen buena parte de nuestro ocio y nos sumergen en mundos distintos, con lo que el tiempo de lectura se ve reducido considerablemente. Este es el cambio que intuimos y contra el que alzan la voz no pocos defensores de la lectura. La importancia del libro ha disminuido y el texto escrito se ha re-situado en un mundo en el que tiene que compartir con otros medios su papel central.
Imaginemos, a efectos de este debate, que las distintas opiniones sobre el tema se centran en dos posturas básicas: los que defienden los valores del libro impreso frente al uso de otros medios y los que creen que la sociedad actual tiene a su alcance nuevos medios que permiten otras posibilidades en el tratamiento de la información que hay que tener presentes.
Los primeros plantean que con la gradual desaparición de la palabra impresa también desaparece la cultura hasta ahora organizada precisamente por el texto escrito. La palabra, según ellos, conserva el saber acumulado durante siglos de reflexión. El lenguaje verbal ha desarrollado la capacidad de abstracción que ha permitido al ser humano generar conceptos y distanciarse de lo concreto y puramente material. Este lenguaje exige un esfuerzo intelectual que presupone la posesión de un código mediante el cual interpretar e interiorizar el mundo exterior.
Son conscientes de que la seducción de la imagen hoy es infinita. Si pensamos en su evolución hasta nuestros días, su imperio ha ido en aumento: pintura, fotografía, cinematógrafo, televisión, vídeo, Internet. Frente al tedio de la letra impresa, que exige tiempo y concentración, irrumpe la imagen, que es instantánea, divertida, ágil. Parece que el lenguaje icónico no precisa de la adquisición de un código para interpretar los mensajes, lo que facilita el acercamiento a este medio de todo tipo de público. El esfuerzo de ver no es el mismo que el de leer - dicen - ni el de mostrar es el mismo que el de relatar.
Otros, los segundos, postulan que en la sociedad actual el universo discursivo es multidimensional y heterogéneo. A través de los múltiples discursos que circulan diariamente con las nuevas formas de mediación tecnológica se han hecho visibles lenguajes que el texto escrito había obviado. Se refieren a los lenguajes del cuerpo, de la gestualidad , de la iconicidad , etc. Es decir, los lenguajes no verbales. Y todos estos lenguajes han de ser estudiados y sistematizados para poder reconocer sus elementos, su gramática, sus combinaciones, su retórica. En suma, para comprender -como receptores y como creadores- su intencionalidad y su capacidad persuasiva y manipulativa. Una verdadera competencia comunicativa debe abarcar esta multiplicidad de lenguajes.
Dicen que de la misma forma que, en su día, la escritura y, siglos más tarde, la tecnología de la imprenta supuso una revolución que cambió la forma de acceder al conocimiento, las relaciones sociales, las formas de trabajo y, en fin, la concepción del mundo. Hoy las nuevas tecnologías de la información y la comunicación están transformando el panorama actual. No basta con poner de manifiesto los inconvenientes de estas formas de representación no textual, ya que también tienen ventajas que sería absurdo ignorar. Por otra parte, se ponen de manifiesto las limitaciones del texto impreso en una sociedad abocada a la digitalización de cualquier tipo de información. De ahí que lo más conveniente sea la comprensión e integración de todos los sistemas de representación de la realidad. Para ello hay que re-pensar y re-situar los diversos lenguajes a la luz de las nuevas tecnologías y de las implicaciones sociales que suponen.
|