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  ¿Las series de televisión sobre adolescentes contribuyen a su formación?
 
TAC (Teleespectadors Associats de Catalunya) tac-tv@intercom.es
 

 

Las series para adolescentes están de moda, como está de moda la ficción
televisiva. Estarán de moda hasta que la audiencia dicte lo contrario.
Partiendo de esta premisa tristemente cierta, podemos decir que los
productos dirigidos a los jóvenes tienen, en consecuencia, un fuerte
componente comercial. Esto se cumple tanto en las series de producción
propia como en las que vienen de fuera.

También tienen un alto coste económico, por tanto, sus creadores no
arriesgan mucho. Apuestan por lo seguro, por lo mismo que engancha a
millones de personas a los culebrones: amoríos volubles, engaños, traiciones
y personajes físicamente atractivos. Todo ello aplicado al mundo
adolescente: el instituto, la discoteca o el bar de moda.

Si tomamos la definición de formativo -aquello que colabora a la educación
de la persona, que da forma a nuestros talentos y potencialidades en un
sentido y dirección positivas-, ¿qué encontramos de esto en nuestras series?
Evidentemente, meter a todo el mundo en el mismo saco no es justo ni
responde a la verdad. No obstante, a pesar de la voluntad educativa que
presentan algunas de ellas, no puede decirse que genéricamente estos
productos audiovisuales sean formativos.

Cuando el 90% de las tramas (como se revelará en un estudio que TAC
publicará en breve plazo) giran alrededor de ligoteos y relaciones
superficiales y cambiantes -un amor apasionado de dos semanas, una noche
loca que se ha de olvidar, una apuesta, la duda después de un compromiso que
antes era clarísimo y al cabo de dos minutos dudoso-, estamos ante una
ausencia de compromiso y madurez. Para demostrar que dos se gustan/quieren
sólo hay escenas de besos o cama, nunca salen paseando o intimando a través
de unas aficiones sanas compartidas o simplemente charlando. Son actitudes
que parecen aburridas. Este tipo de series crean, muchas veces, la idea
falsa de lo que ha de ser el descubrimiento del amor en la adolescencia con
manifestaciones y expresiones precoces y descontextualizadas.

Otro aspecto que las hace irreales y engañosas es la ausencia de escenas en
que los protagonistas estudien. Están en clase, critican a los profesores
en sus ratos libres, llevan carpetas pero no se sabe cuándo estudian. Para
la audiencia, nunca. Y para la audiencia joven supone un atractivo añadido.
Está de moda suspender o ser un estudiante mediocre. El criterio más
utilizado para tomar decisiones es el "me apecte/no me apetece", lo cual,
sumado al sobrevalor que se da a la inmediatez, provoca una escasa
perspectiva de futuro en sus planteamientos.

En la línea académica, en muchas de las series, los profesores están
definidos como unos ineptos, unos bordes y el concepto de autoridad
(paterna, materna, o de otro tipo) está desprestigiado tierra en todas las
series.

Otro rasgo que facilita su éxito es que son series que no presentan
dificultades de comprensión. Las tramas son sencillas, muchas en un mismo
capítulo, estructuradas en escenas cortas para no cansar. Los diálogos son
simples y, muchas veces, utilizan un vocabulario excesivamente coloquial,
pobre y muy a menudo vulgar. Lo cual no es un rasgo muy enriquecedor ni
formativo. No significa que tenga que utilizarse un léxico decimonónico,
pero sí aportar algo más de variedad a los ya consabidos y cansinos:
"molar", "buen rollo", "guay", y otros derivados.

No se puede negar que las series que emiten nuestras televisiones, y aquí
hay que decirlo, las españolas más que las extranjeras, tienen una voluntad
pedagógica en algunos terrenos; sobre todo en lo políticamente correcto.
Quizá la que más se significa en este sentido es la producción Compañeros.
Sin embargo, al mismo tiempo que unos temas los trata con enfoque
responsable, otros, normalmente los ligoteos y relaciones sentimentales y
algunas opciones de ocio, son tratadas a la ligera y como la única opción
posible de pasarlo bien y relacionarse.

Aunque el tema se podría tratar con más extensión, es mejor dejar estas
ideas en el aire para que podamos reflexionar. A modo de final, es
importante considerar que para muchos adolescentes lo que ven en pantalla lo
consideran el mundo real, un reflejo de lo que pasa y, en muchos casos, de
cómo tienen que ser las cosas: nuevas experiencias sentimentales, la
amistad, relaciones familiares, el rendimiento escolar, ocio, diversionesS
Hay que pensar que el formato de ficción cambia más sutilmente las
mentalidades que un informativo o un discurso más racional. Nos movemos por
patrones. Las personas tendemos a imitar lo más fácil y atractivo cuando no
ponemos la cabeza. Y eso con frecuencia no resulta lo más formativo.