Aportación del director de la serie: “Al salir de clase” (Sr. Toni Sevilla)
Ante la pregunta: ¿Influyen las series de televisión en los jóvenes? Sólo cabe una respuesta: decididamente sí. Si nos fijamos en series de televisión de mucho éxito podremos comprobar como efectivamente, los jóvenes espectadores reciben el influjo de las poderosas series juveniles.
Un primer enfoque daría pie a comentar que un
posible peinado de una determinada actriz en la serie (es el caso de una de las
protagonistas de Friends) causa verdadera sensación, transformándose
automáticamente en moda a seguir en todo Estados Unidos, o como en la exitosa
serie de “La Ley de los Ángeles” (con
temas relativos a un despacho de abogados) se produjo un fenómeno curioso: en
los primeros 5 o 6 años de emisión hubo un aumento de inscripciones en las
facultades de derecho. Pero el análisis no se debe quedar sólo en la forma, hay
que tratar también el fondo. Al establecer unos personajes que se enfrentan a
nuevos retos, que sufren o se alegran según las situaciones se produce el
fenómeno de la identificación. Los espectadores ven en tal personaje lo que
ellos mismos no pueden ser. Frases como: “me gusta su valentía, se atreve con
todo”, son frecuentes y demuestran hasta que punto les gustaría ser como ellos.
Por lo tanto las series de televisión sirven al espectador de espejo donde
reflejar sus inquietudes y a su vez verse reflejados en ellos. Los problemas de
los protagonistas se transmiten a los jóvenes de una forma imparable. En
nuestro caso, “Al Salir de Clase” al ser una serie de emisión diaria ofrece a
la audiencia una continuidad en el día a día de nuestros protagonistas. Lo que
les ocurre en las tramas es comentado por los jóvenes seguidores, desde tratar
de averiguar lo que les sucederá en el futuro, hasta alegrarse y sufrir en las
situaciones que les toca vivir.
Una vez aclarado el tema de si influyen o no las
series juveniles, el asunto a tratar ahora es: ¿hasta qué punto? Uno de los
principios básicos de la televisión es su parte formativa. Las series de
televisión deben tratar el mayor número de temas posibles. Aquí el abanico es
muy amplio y a su vez algo peligroso. Es decir, cómo reflejar el tema del sexo
cuando la audiencia estimada es a partir de los cuatro años. Más que diferenciar
qué es lo admitido o no dentro de las tramas, más que mandar un mensaje de cara
a la audiencia con lo que está bien y que es lo que está mal, se trataría de
formular algo diferente. No se trata de dar respuestas, sino de formular
preguntas.